17/5/07

Cultura y tradiciones

Vallehermoso es un pueblo rico en lo que a manifestaciones culturales se refiere. Como un ejemplo de estas manifestaciones tenemos el silbo, que transmitía mensajes de loma en loma, ayudando a los gomeros en general, y a los habitantes de Vallehermoso en particular, a llevar a cabo una comunicación que se hacía muy difícil debido a lo abrupto del terreno. Todavía hoy en día, los vecinos de Vallehermoso siguen enseñando este tradicional método de comunicación a sus hijos, como uno de los símbolos de su identidad, que deriva probablemente de los tiempos aborígenes. Juntos al silbo otra cultura del pueblo que ha perdurado con el paso de los años, ha sido la cultura de la palmera, fuente inagotable de recursos a través del tiempo. De la palmera se aprovecha absolutamente todo: con sus troncos se hacen colmenas, con sus hojas (las pencas) se hacen sombreras, abanicos u otros objetos. Pero quizás su uso más llamativo sea el que nos permite degustar la miel de palma, dulce jarabe que acompaña a los postres típicos. Y si hablamos de las tradiciones y la cultura del municipio, no podemos olvidar sus fiestas. Celebraciones que reúnen a los hijos del municipio repartidos por todo el mundo, donde no falta nunca una buena procesión, bailando delante de la imagen, al ritmo del tambor y las chácaras, cuyo característico sonido nace entre las manos de los artesanos de Chipude. Las chácaras, como enormes castañuelas, se tallan en madera de árboles como el moral o el castaño; con pieles finas de oveja o cabrito, tensas sobre aros de madera, se construyen los tambores. Cada ermita y cada parroquia tiene su fiesta, algunas humildes, otras capaces de congregar a un gentío, como la de La Candelaria cada quince de agosto. O las fiestas lustrales de Vallehermoso, en honor a la virgen del Carmen, la cual baja en procesión desde el barranco del Ingenio hasta la parroquia de San Juan Bautista, un julio de cada cinco años. Pero no hace falta una fiesta para reunirse, cualquier excusa es buena para charlar, hasta la más cotidiana, como lavar la ropa. Todavía siguen en funcionamiento lavaderos comunales, como los que se encuentran en Chipude, donde, los días soleados, continúan reuniéndose algunas vecinas.

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